Importancia del ciclo del agua


El ciclo del agua o ciclo hidrológico describe la secuencia de movimientos del líquido elemento en la Tierra. Su base está en el hecho de que el agua se encuentra siempre evolucionando y cambiando de estado de agregación. A lo largo del planeta, el agua está intercomunicada, afectando sus modificaciones a la globalidad, independientemente de dónde se produzcan. Se trata de un fenómeno vital para el sostenimiento de la vida que lleva sucediéndose invariablemente durante billones de años.

Ciclo del agua – Fuente: Pixabay

Un factor crucial en la importancia del ciclo del agua es que es la sustancia más abundante en el planeta. Y además, la única que se encuentra simultáneamente y de forma natural en estado sólido, líquido y gaseoso.

De sus propiedades deriva su característica de ser el soporte ideal para las reacciones biológicas que ocurren en las células. El almacenamiento de energía o su consumo a través de la respiración son inviables sin la presencia del agua. Por ello, el ciclo hidrológico, siguiendo un funcionamiento normal, asegura la existencia de agua en todos los medios vivos.

Su importancia para los ecosistemas

El ciclo hidrológico es como el aparato circulatorio en el desarrollo de las especies de todos los ecosistemas continentales. Comienza con la evaporación por acción de la radiación solar, desencadenándose la condensación en nubes, el origen de las precipitaciones.

De ese caudal de precipitaciones, en forma de lluvia, nieve o granizo, dependen dos elementos clave del ecosistema. Por un lado, la producción vegetal, sustento alimenticio de los herbívoros y pulmón de la comunidad biológica por producir oxígeno. Por otro, están las escorrentías superficiales que nutren de agua los cauces fluviales y los lagos.

Casi una cuarta parte de la energía procedente del sol va destinada a la evaporación dentro del ciclo del agua. Del agua depositada en los cauces continentales, dos terceras partes son objeto de evaporación directa o transpiración por las plantas. Paralelamente, el resto queda almacenada en acuíferos y su destino último es el mar.

De este inmenso flujo, que abarca un total de 40.000 kilómetros cúbicos anuales, dependen todas las formas de vida. Tanto los ecosistemas terrestres y acuáticos como los recursos explotados por el hombre son los máximos beneficiarios de este ciclo.

Relación fundamental del ciclo del agua con la energía

El agua y la energía son dos recursos esenciales abrazados por un denominador común: la escasez de ambos. Y a gran escala, el vínculo entre ambos es muy estrecho. De entrada, la radiación recibida por las masas de agua es determinante para el buen desarrollo de la evapotranspiración.

Es sobradamente conocida la condición de indispensable de la energía en todas las fases del ciclo del agua. Pero también en las maniobras humanas que interfieren en el mismo. Su extracción, transporte, depuración, reutilización, desalación, etc. exigen energía. Como la necesitan operaciones de gran trascendencia en las que el agua es fundamental como generar electricidad en centrales hidroeléctricas y térmicas.

Influencia en la depuración de las aguas

El fenómeno de la evaporación tiene como consecuencia favorable dejar atrás los contaminantes que el agua lleva disueltos. De ello se desprende que sin el ciclo del agua, la contaminación iría in crescendo hasta hacer inviable su potabilización.

Una consecuencia nefasta de perder las posibilidades de depuración que aporta el ciclo hidrológico es la eutrofización. Se trata de la acumulación de algas en reservorios hídricos por falta de oxígeno derivada de exceso de nitrógeno y fósforo.

Algunas consecuencias de su desequilibrio

La acción del hombre es el peor enemigo conocido por este ciclo para su preservación. Los pavimentos urbanos impiden la filtración de agua a las capas freáticas. Su consecuencia es una escorrentía forzada ocasionando erosión y sedimentación, acarreándose pérdidas de suelo agrícola en las tierras colindantes.

Por otro lado, el empleo masivo de productos químicos agrícolas como nitratos, fosfatos o pesticidas hace que se transporten a la escorrentía. Esta escorrentía se convierte de esta manera en una amenaza ambiental para los ecosistemas existentes rio abajo.

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