Importancia de la democracia


La democracia es la forma de gobierno o modo de organización social en la cual los ciudadanos participan consciente y activamente en los procesos de toma de decisiones sobre los asuntos públicos que los afectan directa o indirectamente.

La palabra proviene del griego “δημοκρατία”, donde “δῆμος” (démos) significa “pueblo”, y “κράτος” (krátos) significa “poder”. Así, democracia significa “poder del pueblo”, y define al sistema de gobierno donde las decisiones sobre los asuntos públicos son tomadas predominantemente por la mayoría de los miembros de una comunidad reunidos en asamblea.

En sus orígenes, esta idea y forma de convivencia política encarnó en la ciudad griega conocida como la “Polis”, específicamente en el “Ágora”, el espacio público por excelencia donde todos los hombres eran iguales ante la ley (principio de “isonomía”), e iguales en su capacidad de participar (principio de “isegoría”). En este sentido, la polis era sinónimo de diálogo permanente.

Busto de Aristóteles en representación de la democracia.

Busto de Aristóteles en representación de la democracia. Fuente: Pixabay

La primera clasificación de las distintas formas de gobierno se la debemos al filósofo griego Aristóteles, quien estableció tres formas “puras” acompañadas de su respectiva forma “degenerada”. De acuerdo al filósofo, la tiranía era la desviación de la monarquía, la oligarquía la degeneración de la aristocracia, y la democracia la forma desviada de la república.

No obstante, con el advenimiento de la modernidad política, fue definida como un sistema político caracterizado por el orden constitucional, el respeto a los derechos humanos, la división de poderes y el voto universal directo y secreto. De este último, se desprenderían la alternancia en el poder y las elecciones periódicas libres y competitivas.

Tipos de sistemas democráticos

Democracia directa: esta sería la forma democrática en su estado ideal o puro, en la cual los ciudadanos miembros de una comunidad política, sea barrio, municipio, comuna, ciudad, provincia o país, participan directamente en el proceso de toma de decisiones sobre los asuntos que le conciernen, por medio de distintos mecanismos de participación y donde las decisiones tienen carácter vinculante.

Democracia representativa: conocida también como liberal, es aquella donde los miembros de la comunidad delegan la toma de decisiones y su ejecución, en representantes que ejercen un poder delegado por los ciudadanos y en nombre de estos. Así, el ejercicio del poder ciudadano es indirecto y su participación se reduce al voto universal, directo y secreto cada cierto tiempo.

Sistema mixto: también llamado por algunos autores “sistema de participación creciente” o “sistema participativo”, es la forma democrática que promueve la participación ciudadana, incorporando a las comunidades en el proceso de toma de decisiones y en su seguimiento durante la ejecución, pero que recurre a la representación como garantía de su factibilidad política.

El debate histórico sobre la democracia y su importancia

Una de las discusiones contemporáneas sobre la democracia discurre sobre cuál sería su verdadera esencia: el sufragio universal o la participación. Quienes sostienen la primera opción, consideran el procedimiento en sí mismo como lo más importante en un sistema democrático. Por su parte, la participación es defendida por quienes postulan que esta va más allá del mero acto de votar.

Otro aspecto del debate se refiere a que un ejercicio democrático directo del poder es imposible en sociedades conformadas por millones de personas. En este caso, la representación se considera necesaria pero al mismo tiempo ambigua. Esto último, porque existe siempre la posibilidad de que el representante olvide que el poder que ejerce le fue delegado temporalmente por la comunidad.

Así, la importancia del modo democrático de organización social está relacionada con la participación, entendida esta no solo como una actividad procedimental, sino como la condición que garantiza el desarrollo tanto individual como colectivo de la comunidad, y por esta vía la felicidad social.

De tal manera, la participación no sería un fin en sí mismo, sino que estaría articulada con una ética social trascendente, relacionada siempre con la mejora de las condiciones de vida de los ciudadanos y con la realización del potencial colectivo.

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