Importancia de la inteligencia emocional


La inteligencia emocional es la capacidad de percibir, entender, regular y modificar los estados anímicos propios y ajenos mediante el control de las emociones.

La capacidad para regular las respuestas emocionales es una competencia altamente cotizada en nuestros días. Las habilidades emocionales permiten desarrollarse en el ámbito social de manera muy eficaz, por lo que el cociente intelectual ha pasado a un segundo plano en beneficio del de tipo emocional.

Representación de la inteligencia emocional.

Representación de la inteligencia emocional. Fuente: Pixabay

A nivel social, las personas emocionalmente inteligentes pueden reconocerse fácilmente por su firme personalidad, su optimismo y su confianza en sí mismos. Además de ello, ejercen una gran influencia sobre los demás y ostentan amplias dotes de liderazgo, disfrutando con creces del trabajo en equipo. Se enriquecen con todas y cada una de las experiencias que viven, hallando razones para motivarse en todo lo que hacen.

Beneficios de la inteligencia emocional

Numerosos estudios acreditan que el manejo y dominio de los distintos estados anímicos y emocionales dan lugar a un sinfín de beneficios. Las personas con un buen desarrollo de estas capacidades tienden a ser más felices, a tener más salud y a gozar de un entorno social mucho más armonioso, equilibrado y entusiasta.

Se potencia el rendimiento laboral y crece la automotivación. Las personas emocionalmente inteligentes son capaces de responder positivamente a situaciones frustrantes, por lo que son mucho más resilientes, constantes y asertivas. También en el plano personal trascienden sus éxitos, pues gozan de altos niveles de empatía y son capaces de modificar los estados anímicos de las personas que les rodean.

La actitud abierta y empática que propicia la inteligencia emocional facilita a su vez el desarrollo y crecimiento personal e intelectual. Este tipo de inteligencia se aprende y se mejora con la gestión consciente de las reacciones emocionales. El tiempo y la experiencia son claves para la consolidación de los hábitos propios de las personas emocionalmente inteligentes.

Hábitos de felicidad, autoestima y optimismo

Las personas con altas dosis de inteligencia emocional aprenden estrategias para gestionar las emociones mediante hábitos que contribuyen al desarrollo y crecimiento personal del individuo. Algunos de ellos son inherentes a la propia personalidad, pero otros son fruto del aprendizaje emocional y de las estrategias de gestión anímica.

Son personas felices porque saben valorar lo que tienen. Agradecen sus vivencias y se rodean de gente alegre y positiva. Se alejan de las relaciones tóxicas y de las malas influencias, pues no se dejan arrastrar y exprimen al máximo su día a día. La adversidad es una gran palanca de desarrollo personal, por lo que el optimismo y la actitud positiva son hábitos claves de estas personas.

Con debilidades pero sin miedos

No son personas perfectas y son plenamente conscientes de ello. Las personas emocionalmente inteligentes son conocedoras de sus límites y debilidades, pero no temen conocerse. Exploran sus capacidades para no dejar de crecer y no temen la incertidumbre. No les asusta cambiar y actúan constantemente en aras de alcanzar sus metas. Aprenden de los errores y no se dan por vencidas.

El fracaso es una amenaza constante para toda persona que persiga sus sueños, pero la inteligencia emocional permite al individuo no cesar en sus intenciones aprovechando al máximo los contratiempos. Venirse abajo no está entre las opciones de las personas que controlan sus reacciones anímicas, por lo que la inteligencia emocional dota a las personas de una mayor motivación, optimismo y bienestar.

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