Importancia de los suelos


La existencia de los seres vivos está sustentada por distintas clases de sistemas y ambientes que hacen posible su desarrollo. Ese es el caso específico de los suelos, que representan la superficie terrestre, sus nutrientes, el carbono y el cultivo. Además, esta pequeña capa de sedimentos, organismos, materia orgánica y otros componentes sirve de hábitat para las especies terrestres. Su conservación se ha vuelto capital para las próximas generaciones debido al continuo deterioro y las repercusiones para la sustentabilidad.

Suelos – Fuente: Pixabay

Como recurso natural no renovable, tienen una importancia capital para la seguridad agroalimentaria de la biosfera. De la misma forma, dan sustento a los distintos ecosistemas presentes en la naturaleza, generando toda clase de nutrientes. En efecto, son primordiales para el desarrollo de las plantas, su cultivo, y posterior procesamiento para el consumo.

Entre sus cualidades, son capaces de retener, almacenar y filtrar sustancias que podrían ser perjudiciales para aguas superficiales y subterráneas. Además, su equilibrio dinámico permite transformar diversos compuestos orgánicos como el carbono, modificar su estructura y crear los minerales. Generan la biomasa esencial para alimentar la cadena trófica que comporta el ciclo natural.

La superficie terrestre sustenta a una cantidad importante de especies. En una fracción de sustrato puede haber un billón de microorganismos que se alimentan del carbón. De hecho, estas especies son responsables del 80-90% de la actividad biológica y comprenden una cuarta parte de la biodiversidad. El abuso de fertilizantes, la agricultura extensiva y otras prácticas están acabando con este componente vital.

Otro aspecto fundamental, es que sirven como reguladores del clima. Ya que contienen 3 veces más carbono que la atmósfera, su alteración puede tener consecuencias catastróficas para el ambiente. A pesar de esta información, el hombre persiste en alterar ese delicado balance que una vez roto, difícilmente se podrá enmendar.

Tipos de suelos

Para entender aún más la importancia de los suelos, es preciso mencionar sus tipos y características. Según su estructura, están los humíferos, que son oscuros, con mucha materia orgánica descompuesta, retienen el agua y son muy cultivables. También están los arenosos, que son pobres en materia orgánica, no retienen el agua y no son cultivables.

Asimismo, encontramos los calizos, que son áridos, secos y se distinguen por tener sales calcáreas y un color blanquecino. Los arcillosos son amarillentos, de grano fino y retienen el agua formando pozos. Resultan especialmente positivos cuando son combinados con nutrientes orgánicos como compost, humus, entre otros.

Finalmente tenemos los mixtos que, como su nombre lo indica, son una mezcla entre los arenosos y arcillosos. Igualmente, están los pedregosos, conformados por rocas de diversa composición y tamaño. Además de estos suelos, también existe otra clasificación, por su formación física, que son las características geomorfológicas.

Conservación de los suelos

Según la FAO, de las 290 millones de hectáreas para riego en el planeta, 25% de ellas están salinizadas. Ciertamente éste no es el único factor que la humanidad debe considerar. Cada vez son más notorios los efectos de la contaminación, la tala, la acidificación y la urbanización sobre los ecosistemas. Eso no incluye la creciente desertificación en diversas zonas.

Un factor importante para el bienestar de la población, es la calidad del agua. Su suministro potable va depender en gran medida de si los suelos han sido contaminados o no. La ausencia del vital líquido se ha vuelto más notoria y su escasez es cada más patente. Por esta razón, son necesarias políticas puntuales que permitan recuperar esas áreas que han sido devastadas por la actividad humana.

Los suelos proporcionan materias primas, recursos renovables y no renovables. El progreso del hombre ha modificado los ciclos biogeoquímicos de los sustratos, lo cual amenaza la sostenibilidad del planeta. Por esta razón la humanidad debe unir esfuerzos para detener el daño progresivo que sufre todo el medio ambiente. De ello dependerá el futuro de las nuevas generaciones.

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